Vacas esperando en los muros de Lavapiés: aperturas a lo viviente

Caminar por la calle, tomar un desvío para atrasar la llegada al metro. Caminar y encontrar en la columna de un muro una vaca descansando. Antes de llegar a la esquina, encontrar un becerro en la columna siguiente, y otra vaca al rodear esa misma esquina.  Volver sobre lo andado, acercarse a los muros, sacar la cámara. Contorno en negro, cuerpos recortados de papel periódico:  pequeños paste-ups anónimos sobre el gris de las columnas. Vacas en reposo.  Imaginar el olor del pasto, de una vaca, de la bosta.  Una cierta inocencia. La composición de las figuras interrumpe cualquier posibilidad de un idilio pastoral: en el lomo de una vaca se puede leer “Siemens” y un número de serie.  Cerca de la cola se ve el logo del Corte Inglés.  En la frente de la otra vaca se lee “internet o teléfono”.  Vacas descansando atravesadas por la publicidad:  vacas en una doble condición: vida y mercancía: caminante que se abisma: vida sujeta al cálculo económico.

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Seguir caminando y recordar “El Matadero” (2009) del argentino Martín Kohan.  El cuento narra el encuentro entre un camionero “acostumbrado a llevar tan sólo amasijos de hierro y acero” con unos ganados de vacas a las que debe transportar al matadero, “a la trajinada rutina de muerte y conteo”.  Tras unas horas de viaje, cansado en la cabina, el camionero quiere dormir pero el sueño no llega.  Un rumor lo perturba: la presencia de los animales en el acopladero.  Se baja de la cabina y se va para atrás:  “Desde allí pudo ver muy bien a los animales reunidos. Los vio de cerca, los vio en detalle. Vio el temblor ocasional de una oreja suelta, vio las esferas excesivas de los ojos bien abiertos, vio la espuma de las bocas, vio los lomos.  Vio cueros lisos y manchados, vio la espera absoluta.  No vio lo que imaginaba: un montón de animales con vida, sino otra cosa que en parte se parecía y en parte no: vio un puñado de animales a los que iban a matar muy pronto.  Esa inminencia es lo que  vio […] Estiró una mano y palpó una parte de un cuerpo fornido, como si con eso pudiese certificar la ignorancia y la inocencia de todo su cargamento.  Ahí el futuro no existía” (21).  En “La vida impropia.  Historias de mataderos” (2011) Gabriel Giorgi propone que Kohan narra un encuentro entre cuerpos–un cuerpo “humano” y unos cuerpos “animales”–y que a partir de ahí pone de relieve no tanto una retórica de la compasión sino más bien una proximidad nueva: “una condición común que pasa entre las especies, y que apunta al lugar de lo viviente en general” atrapado en los diversos modos de la extracción de plusvalía (13).  Se refiere a la vida en general capturada por el cálculo del capital (11). Además de esa precariedad de la vida ante las políticas y economías de la muerte, Giorgi sugiere que el cuento subraya simultáneamente “la extraña potencia de los cuerpos”:  “en lugar de la especie humana como diferencia y fundamento, aparece lo viviente como […] una contigüidad entre cuerpos que no responde a ninguna naturaleza previa” sino a un “reordenamiento de cuerpos que remite a otra política de lo viviente, una política que disloca lo propio (la propia vida, el cuerpo propio, la vida como instancia de apropiación), sin necesariamente eliminarlo, pero que lo mantiene irrevocablemente abierto y desfondado, atravesado por el ‘rumor’ de los otros cuerpos: un lazo o un enlace que apunta a otra imaginación de lo común”  (20).

Vacas esperando en los muros de Lavapiés: potenciar encuentros que produzcan rumores. Recordar unas reflexiones de Amaia Pérez Orozco: “deberíamos plantearnos qué idea de vida merece ser vivida de manera  colectiva y democrática” (2013).  Junto a esa pregunta, plantearse otras políticas de lo viviente atravesadas por sensibilidades otras.

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redesycalles IMG_8720 copyColumnas de los muros exteriores del CSA La Tabacalera: Miguel Servet y Embajadores, 9 Octubre 2014.

Para visitar la página web del Centro Social Autogestionado La Tabacalera en la antigua fábrica de tabacos de Lavapiés, entra aquí.

Actualización al 22 de mayo, 2016:  los paste-ups son obra de la artista visual Dorle Schimmer.

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