Mentira

“Mentira, mentira, mentira, mentira, mentira, …” A manera de enjambre, la palabra mentira, escrita a mano alzada con rotulador negro y marrón, se repite cubriendo el vidrio de una ventana de una calle en el centro de Madrid.  Mentira, mentira. La palabra resuena últimamente con particular fuerza en el estado español.

redesycalles IMG_4529Abril 2014.

Mentiras, mentiras, mentiras.  Hannah Arendt advirtió: la mentira moderna no se limita a ocultar.  En Políticas y estéticas de la memoria, la crítica cultural chilena Nelly Richard observa  que la mentira moderna equivale a la destrucción de la realidad, y que prácticamente nadie escapa a su alcance y efectos (1989: 35). ¿Y por qué? Porque la mentira moderna cuestiona  “la propia realidad común y objetiva'” y esto plantea un “problema político de primer orden” (Richard, 35-36).  Y sin duda también un problema de subjetividad.

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“Lo relevante en la mentira”, observaba Jacques Derrida en una conferencia en la Residencia de Estudiantes de Madrid, “no es nunca su contenido, sino la intencionalidad del que miente.  La mentira no es algo que se oponga a la verdad, sino que se situa en su finalidad […] lo decisivo es el perjuicio que ocasiona en el otro”. Mentiras, mentiras, mentiras políticas: agresiones institucionales al sujeto y a la vida.  Pero también, frente a ellas, construcciones de realidades comunes desde las calles de Madrid.

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