Balsicas: sol y escritura

Llegar a  Balsicas con tiempo suficiente. No tanto para coger el tren, sino para dar primero unas vueltas por la estación y acercarse a esos graffiti que se ven tantas veces, de pasada, al caminar rápido hacia el andén, o ya desde el tren en marcha.

Dejar el coche en el terral que hace de aparcadero, casi al frente de la mezquita, y voltearse hacia el muro blanco. Línea ininterrumpida en aerosol negro, debajo de  un tag en verde, abriendo una fuga por la pared. La estación fue construida en 1863, como parte del tramo ferroviario que unía Murcia y  Cartagena. Los tags en negro, la escritura de calle, rodea lo que parece ser un depósito justo frente a la estación.

El pueblo se formó mucho antes, en el siglo XV, debiéndole su nombre a unas balsas pequeñas que existían en el caserío.  Desde hace unos años, una de las dependencias de la estación viene funcionando como galería de arte.  Sus paredes externas funcionan también como soporte para piezas, throws, potas de writers locales.  Galerías móviles.

En medio del calor, alejarse de la sombre en la que se agolpa el resto de viajeros.  Irse hacia a los lados, a los muros y pilares.  Casi todas las superficies han sido aprovechadas para escribir nombres de calle que serán vistos desde el tren en marcha o al paso, bajo un sol que no se mueve.

Desde el tren en movimiento, Balsicas: estación, cemento, invernaderos, campo de golf, graffiti. Distintas formas de relacionarse con el entorno construido.

Balsicas, 10 y 18 de agosto.

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